Mi Jardín Negro

Fernanda Larraín Estoy media floja para escribir, mi tiempo libre está consumido por la preparación de un libro y una exposición. Mi primera exposición de   ambrotipos.

Jardín Negro es un trabajo que me ha llevado 3 años durante los cuales he fotografiado la flora presente en la zona central de Chile, naturaleza de árboles centenarios y diversas plantas y flores en diferentes estaciones del año, algunos de los cuales han podido ver en posts anteriores.

Comencé en la fotografía con 35mm y 18 años. Mi primera cámara fue una nikon semi automática, luego tuve una minolta y finalmente una Leica (bueno, un par de leicas en realidad), pero rápidamente pasé al formato medio, mi Rolleiflex que traté como una hija. Fue una sincronía inmediata, amor a primera vista. La cuidé y mimé con todos los accesorios que se pudieran encontrar, la llevé conmigo a todos mis viajes, crecí y maduré con ella, me permitió encontrar fotos que no pensé existían, me dio libertad y permiso.

Luego vinieron los verdaderos hijos y varias cosas cambiaron, decidí que para seguir fotografiando debía dejar la película y comencé a investigar sobre los procesos anteriores a la industria fotográfica, llegué al colodión sobre vidrio y metal pero en Chile nadie lo enseñaba. Pasaron de esto 2 años hasta que María y Waldemaro Concha, un matrimonio mexicano de la escuela de Scully & Osterman dieron un taller en Santiago. Así aprendí lo básico para trabajar en Colodión húmedo.

Les cuento toda esta lata no porque quiera hablar de técnica, sino porque creo que lleva tiempo conocerse a uno mismo, saber quién eres como fotógrafo y qué quieres decir con el oficio que escogiste. Saco fotos hace 17 años y todavía sigo aprendiendo. Si todo fuera tan fácil y obvio que aburrida sería la vida ¿no?.

Todo este tiempo desde que empecé en fotografía todo lo que buscaba en mis imágenes era definición, contraste y perfección. Soy muy perfeccionista y sé que es uno de mis grandes defectos, pero debo admitir que desde que trabajo en esta serie, a golpes me di cuenta que no importa si las imágenes están perfectamente enfocadas, o impecables técnicamente, lo que importa es lo que hay detrás de ellas, no que yo sea muy profunda ni que mis fotos sean tan buenas, pero me hizo ver que son otras cosas las que realmente importan y que debo dejarme llevar para disfrutar el viaje. Dicho esto reconozco que hoy puedo aplicar lo aprendido a todos los aspectos de mi vida.

Es cierto que para poder expresar algo con mi oficio primero debo conocerlo bien. Son horas dedicadas a intentar dominarlo. Las cámaras, lentes y equipos son medios para expresar. Nunca me han interesado los fierros, sólo los compro cuando creo que me ayudarán a alcanzar un objetivo, prefiero los libros.

Hago fotografías porque me gusta la artesanía, la lentitud con la que debo aproximarme a las cosas, como gato en terreno desconocido.  Esta exposición se lleva parte de mi, lo cual es bueno y no tan bueno, bueno porque estoy siendo consecuente, pero al mismo tiempo me produce tristeza porque sé que esta etapa así como la conozco está llegando a su fin y a veces cuesta desprenderse.

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